Durante siglos, se llamó brujas a mujeres que, en la intimidad de sus hogares, cultivaban saberes que hoy llamaríamos intuitivos, energéticos o simbólicos. Preparaban ungüentos, amuletos, brebajes para limpiar el alma y el cuerpo; viajaban entre mundos sin salir de sus cocinas y sostenían, sin ocupar cargos visibles, una profunda influencia en sus comunidades.
Era otro mundo. Y, en muchos sentidos, aún lo es.
Estas mujeres honraban a sus ancestras, dialogaban con lo invisible y habitaban con naturalidad ese espacio intermedio que conecta lo cotidiano con lo sagrado. Su sabiduría no estaba separada de la vida diaria. Precisamente por eso, fueron perseguidas. Y ese castigo no quedó en el pasado: todavía hoy muchas mujeres sienten miedo de mostrar su poder, su intuición o su voz.
Llámalo techo de cristal.
Llámalo miedo heredado.
Llámalo memoria celular de una época en la que ser mujer sabia tenía un precio demasiado alto.
La fuerza femenina salvaje y la sabiduría del “entre mundos” no fueron erradicadas por oscuras prácticas, sino por el terror de quienes necesitaban controlarlas. El patriarcado simbólico no solo reorganizó la sociedad: reescribió los mitos, degradó a las divinidades femeninas y las convirtió, lentamente, en esposas secundarias de dioses varones. Un proceso de más de tres mil años de transformación narrativa que aún resuena en nosotras.
Mi camino personal —profundamente vinculado a la mitología y la astrología— nació del deseo de recuperar esas historias anteriores al silenciamiento. Historias de diosas y heroínas que no encajan en moldes, y en las que muchas mujeres de hoy pueden reconocerse sin culpa.
En astrología, estos relatos viven en los asteroides femeninos y en los arquetipos que representan. Hablan de temas plenamente actuales: maternidades y mapaternidades, vocación y trabajo, techo de cristal, integración de lo femenino y lo masculino, sexualidad consciente, vínculos, deseo, cuerpo y espiritualidad encarnada.
A este enfoque lo llamo las inteligencias femeninas: una manera de resignificar la astrología clásica, leyendo los signos también desde arquetipos femeninos olvidados.
¿Qué sucede cuando Aries, tradicionalmente regido por Marte, se inspira también en Artemisa —diosa silvestre, arquera y autónoma—?
¿O cuando Leo se comprende a través del liderazgo inspirador de Hera, antigua diosa del cielo antes del relato patriarcal?
Desde aquí acompaño procesos de empoderamiento espiritual, no como una promesa de poder externo, sino como un regreso al propio centro.
No para convertirte en algo nuevo, sino para recordar lo que siempre estuvo en ti.













